La quema de los libros*

Fidel Salgueiro

*Este artículo fue publicado en la edición impresa del diario El Universal el 02 de enero del 2003.

Un relato de cómo y cuándo se empezaron a silenciar los medios de comunicación en Venezuela

“Esta revolución no llegó de arriba, sino de abajo, no fue dictada, el pueblo la quiso. La revolución es el cumplimiento de la voluntad popular” Joseph Goebbels, ministro de Ilustración Popular y Propaganda de Hitler, la noche de la quema de los libros, Berlín, 10 de mayo 1933.

“…A los que piensan que es ahora y hasta cuándo, les decimos: ¡ahora es cuando!”. Diosdado Cabello, ministro del Interior de Chávez. La noche de la toma de los medios, Caracas, 7 de diciembre 2002[1].

El 10 de mayo de 1933, en la Universidad Friedrich Wilhelm de Berlín en presencia de Joseph Goebbels, los estudiantes nacionalsocialistas arrojaron a la hoguera las obras catalogadas corno “degeneradas” y “antialemanas” de escritores incómodos, como Heinrich Mann, Sigmund Freud, Karl Marx, Kurt Tucholsky, Carl von Ossietzki y Erich Kastner.

El 7 de diciembre de 2002, en un acto de intimidación contra los medios de comunicación social de Venezuela y arengados en cadena nacional de radio y televisión por el ministro para el poder popular del Interior, justicia y paz, grupos de los denominados Círculos Bolivarianos[2] destrozaron las instalaciones de algunos canales de televisión del interior del país y tomaron y amedrentaron a los medios de televisión privados nacionales ubicados en Caracas, por considerarlos contrarrevolucionarios y antivenezolanos.

Lo que ocurrió en la triste noche de Berlín fue el principio de la eliminación de las bibliotecas públicas, ellas eran centros de difusión de información y pensamiento del pueblo alemán, pero como lo sentenció Goebbels no dejaban construir el “hombre del futuro”.

Los medios de comunicación son el reflejo de la libertad de un país, tratar de silenciarlos sobre la base de que manipulan la conciencia de la gente, es sólo comparable con la prohibición de lectura de ciertos libros —tan común en Cuba— o la quema de los libros en Berlín.

En la plaza Bebelplatz[3], una lápida recuerda las consecuencias de la quema de libros. Lleva inscritas las palabras de Heinrich Heine[4]: “Esto fue sólo un preludio. Donde se queman los libros, también se quema a la gente[5].

Llevado al presente, donde se intimida a los medios, también se intimida a las personas.

 

Publicado septiembre 26, de 2018

 

 

[1] La noche del 07 de diciembre de 2.002, en la mitad del Paro Cívico Nacional, los denominados Círculos Bolivarianos tomaron varios medios privados de comunicación causando daños en sus instalaciones. Uno de estos medios fue Globovisión. El ministro del Interior Diosdado Cabello, lejos de condenar la acción vandálica, justificó la toma como un acto revolucionario. Posteriormente, en el 2.007, RCTV fue cerrada por el gobierno, al negársele la renovación de la concesión. Venevisión y Televen fueron silenciadas y Globovisión, la voz visible de los sectores opositores, fue a partir de ese momento fuertemente atacada por el gobierno, hasta que fue comprado por empresarios afines al regimen.

El proceso de intimidación de los medios se acentuó con la entrada de la Ley Resorte (Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión), en diciembre del 2.004. Posteriormente las renovaciones de las concesiones pasaron de 15 a 5 años, para acentuar aún más la presión sobre los medios y sus dueños.

En diciembre de 2010  se reformó la Ley para controlar el uso del Internet y las redes sociales en Venezuela, teniendo como nuevo nombre Ley De Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos (RESORTEMEC)

[2] Los denominados Círculos Bolivarianos, hoy son conocidos como “Colectivos”, grupos armados usados en la defensa de la revolución.

[3] La Plaza Bebel (Bebelplatz), antiguamente llamada Opernplatz, está situada en el lado sur de la Avenida Unter den Linden, la principal arteria de Berlín. Es conocida debido a los acontecimientos que tuvieron lugar la noche del 10 de mayo de 1933, cuando fue el escenario de una gran hoguera en la que se quemaron miles de libros por puro fanatismo.

[4] Christian Johann Heinrich Heine fue un poeta, periodista, ensayista y crítico literario judío/alemán de comienzos del siglo XVIII, en opinión de algunos el más importante de su tiempo.  Su verso y prosa se distinguieron por su ingenio satírico e ironía.

[5] La frase es un fragmento de uno de los libros de Heinrich Heine que data de 1817, obviamente esta inscripción se puso a posteriori en la plaza Bebelplatz, en honor a los miles de libros que se quemaron y los millones de voces silenciadas la noche de 1933. Además de la inscripción, justo en el medio de esta plaza las personas pueden acercarse a ver una losa transparente que muestra lo que hay metros más abajo: cuatro paredes a modo de estanterías vacías en un pálido blanco de hospital. Es un recuerdo que hace homenaje al espacio que debería estar ocupado por los libros que ardieron esa noche.

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