Revoluciones, costos y nostalgia*

*Publicado en la edición impresa del Diario el Universal de Caracas el 14 de octubre de 2003

Fidel Salgueiro

Las revoluciones nacen siempre inspiradas en las más nobles de las causas. Buenas, malas, bonitas o regulares, todas pasan a la historia. Es muy difícil hacer una revolución sin que sus protagonistas arrastren consigo todo un cementerio.

Sólo una revolución puede despedir 22.000 trabajadores; desalojar, de modo salvaje, familias de un campo petrolero[1]; calificar de traidores a la patria a sus opositores o fusilar sumariamente disidentes.  El Che Guevara presumía de ello “Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”. [2]

Las revoluciones tienen sus costos, deben comprar armas, eso las convierte en “pacíficas y armadas”[3]; pagar campañas internacionales de apoyo[4]; crear canales de televisión y periódicos “que digan la verdad”, y muchas otras cosas que las revoluciones necesitan para funcionar.

Las revoluciones son eternas, la cubana tiene 43 años[5], y la nuestra lleva 6 y todavía son revoluciones. Y como todas las revoluciones tienen sus estandartes; los de la bolivariana son salud, educación y pleno empleo, cada uno exhibiendo en su medida resultados.

Los planteles escolares están peor que en los ”40 podridos años anteriores”[6]; los hospitales ruletean[7] sus pacientes por falta de insumos médicos, la fiebre amarilla es parte del cotillón revolucionario, y el desempleo tiene por soluciones al buhonerismo[8], el conuququerismo [9] urbano y mucha demagogia.

Todos estos logros, más los costos de funcionamiento, le han representado a Venezuela ciento veinte mil millones de dólares, sólo en ingresos petroleros; 20.000 millones de dólares en deuda pública, la cual solo ha hecho más ricos a los banqueros; 22% de desempleo formal; un porcentaje alto de venezolanos deseando irse al extranjero; y por supuesto ha dividido a la nación en dos.

Sacando todas las cuentas y revisando todos los costos del buen funcionamiento revolucionario, se puede discernir que las revoluciones, por lo menos las del Caribe, son sumamente costosas y sus beneficios sólo están en la nostalgia.

Imagen de engin akyurt en Pixabay


[1] Después del paro cívico nacional y del consecuente despido de 22.000 trabajadores de la industria petrolera, la siguiente acción fue sacar por la fuerza a sus familias de las residencias que ocupaban en los campos petroleros.

[2] Frase pronunciada por el Che en un discurso en las Naciones Unidad en el año 11 de diciembre de 1964. Con el triunfo de la revolución, el Che fue nombrado jefe de la fortaleza militar de La Cabaña. Al frente de la Comisión Depuradora, un organismo creado por Fidel Castro con la intención de depurar las fuerzas armadas cubanas y terminaron por implantar el terror revolucionario en la isla mediante fusilamientos arbitrarios precedidos por juicios sumarísimos. Según los testimonios, el Che en persona fusilaba a los sospechosos en su propia oficina o firmaba la orden de fusilamiento antes de juzgar a las futuras víctimas. Los juicios se llevaron a cabo sin las garantías mínimas de defensa, el debido proceso y la presunción de inocencia. De esta manera, en los primeros cuatro meses que el Che estuvo al frente de la fortaleza de la Cabaña fue responsable del fusilamiento de varios centenares de personas en su mayoría miembros del antiguo régimen.

[3] Chávez afirmaba que su revolución era “pacifica” pero que estaba “armada”. Los muertos por represión de estos años dan fe de lo último.

[4] Los cubanos han sido expertos en esto y la revolución de Chávez lo adoptó. Podemos en Españas fue uno de los favorecidos de estas campañas de apoyo.

[5] El régimen cubano lleva 60 años en el poder y el venezolano 20.

[6] Chávez y sus secuaces califican de esta manera a nuestros 40 años de democracia.

[7] Pasean.

[8] Trabajadores de la economía informal. En España se les conocen como manteros.

[9] Refiere al que trabaja en un conuco. Un conuco es un pequeño sembradío o huerto. Desde los comienzos del régimen de Chávez este soñó con que en cada apartamento hubiese un pequeño sembradío. Lo llamaba “cultivos verticales”.

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